sábado, agosto 16, 2008

La Primera Guerra Mundial y la formación de la conciencia nacional australiana

En Australia, la consecuencia más importante de la Primera Guerra Mundial fue la formación de la conciencia nacional.

Desde fines del siglo XVIII, el subcontinente australiano se había organizado y puesto en explotación por los británicos en una serie de colonias autogobernadas, cada una independiente de la otra.


El movimiento federalista australiano se encontró en sus inicios (ya en la primera mitad del siglo XIX) con la simple pasividad de los mismos colonos.

[Es significativo que la única insurrección digna de destacarse en la Historia de Australia, la de los mineros de la colonia de Victoria en la Posición Eureka, fuera un movimiento de trabajadores autónomos opuestos, a la vez, a las imposiciones fiscales sin representación política a cambio y a la "oligarquía" colonial; movimiento inspirado por el democratismo cartista importado por los inmigrantes británicos, no por un ideal nacional federalista o republicano].

Lo anterior, cuando no topó con resistencias: al aislamiento relativo entre colonias por la desproporción entre el espacio, las concentraciones demográficas en ciertas áreas, y las comunicaciones, se añadía (y aquí podría establecerse una comparación con los Estados Confederados de América de 1861) el rechazo de los grandes capitalistas locales (la "oligarquía") a aceptar "imposiciones" en política económica de un gobierno "extraño", así como el miedo de las élites locales (asociadas a los capitalistas en las cámaras de representación coloniales) a que las de las colonias más pobladas se impusieran a las menos pobladas.

[La persistencia de esas razones alimentó el sentimiento secesionista en Australia Occidental durante la crisis económica de la década de 1930].

Al final, la federación de las colonias australianas fue determinada por la metrópoli: el sistema imperial británico no sólo necesitaba un único gobierno para Australia que permitiera una mejor gestión de sus recursos económicos, sino una única fuerza militar australiana capaz de actuar en la cuenca del Pacífico y en la del Índico.


Si hubo una idea que dio apoyo social a la federación australiana en sus inicios fue la xenofobia hacia los inmigrantes asiáticos, concurrente con el genocidio de los aborígenes, y no un verdadero sentimiento nacional: se suponía que un único gobierno continental sería más eficaz en mantener la "Australia blanca" frente al "peligro amarillo".

[La xenofobia, el racismo, la aspiración a mantener la homogeneidad étnica, son hechos públicos y no soterrados en la sociedad y la política australianas actuales, con un negacionismo del que sólo han escapado algunas figuras públicas;
hechos bien alejados de ciertos estereotipos festivos sobre los aussies].

No fue hasta la Primera Guerra Mundial que empezó a existir un verdadero sentimiento nacional australiano. El impacto inicial de la guerra de trincheras entre los soldados de todos los ejércitos beligerantes fue el mismo: habían esperado que la guerra durara unos pocos meses tras una batalla decisiva seguida de una ofensiva rápida contra la capital enemiga, y se encontraron haciendo un tipo de guerra deshumanizadora por sus condiciones, y en la que se planteaban grandes objetivos estratégicos que escapaban a su comprensión.

[Tanto el ejército alemán como los aliados plantearon la guerra de trincheras como una guerra de desgaste (los recursos humanos de los alemanes, por parte de los aliados; la moral, por parte de los alemanes) entre grandes formaciones centrada en unos pocos kilómetros cuadrados de terreno: conocida hasta en la cultura popular es la intervención australiana en la Batalla de Gallipolli. Pero más dramática aún fue la de la Batalla del Somme:
librada entre julio y noviembre de 1916, con más de un millón y medio de bajas acumuladas por los ejércitos aliados y el alemán, sin más resultado que las pérdidas humanas de ambos contendientes, el Somme es una de las mayores carnicerías de la Historia].

Las respuestas a esta situación entre los soldados incluyeron tanto
deserciones y motines de carácter derrotista o antimilitarista, como (de forma opuesta) la aparición de un ideal corporativo y militarista que situaba a los veteranos de las trincheras por encima y al margen de su propia sociedad (una rehumanización por la superhumanización, que hizo de ellos un eficaz instrumento político de la contrarrevolución a partir de 1918, y no sólo en Alemania). Pero, en el caso de los soldados australianos, la solidaridad entre ellos por encima de su estado de origen, como ciudadanos de un estado soberano bajo mando directo de otros ciudadanos, no como súbditos de una colonia bajo el mando de oficiales metropolitanos; aquella solidaridad se mostró tanto en el frente como en la retaguardia, y fue, para los australianos, una forma de redignificación personal y colectiva en plena guerra de trincheras.