viernes, diciembre 29, 2006

Origen del concepto contemporáneo de "nación"

Una de las definiciones vulgares (en el sentido no peyorativo de la palabra) de "nación" es la de "grupo de personas constituido a partir de sus costumbres y tradiciones". Sin embargo, esta es la definición romántica/alemana/reaccionaria de "nación", enfrentada a la liberal/francesa/revolucionaria (y que la primera sea una definición aceptada incluso en medios progresistas dice mucho de cómo, gracias al moderantismo, la revolución liberal o "revolución burguesa" tuvo unos límites en España en el s. XIX).

En 1789, la nación se definió como un conjunto de ciudadanos. Es decir, de sujetos dotados de plenos derechos políticos. Este conjunto (el conjunto de la sociedad, confrontada al estado) se constituía como poder soberano (que viene de "supremo", de ahí su capacidad de ser el único en dar Derecho) mediante un pacto acordado por la misma ciudadanía, que les garantizaba como sujetos de derechos (ese pacto será en la práctica la Constitución).

Frente a esa definición, los nacionalistas alemanes, en guerra con la Francia "exportadora de la revolución", afirmaron que la nación no es resultado de un contrato social, sino de una Historia común. Historia común animada por el espíritu nacional (Volkgeist), y que se reflejaba en las supuestas (y muchas veces inventadas, como el kilt) tradiciones inmemoriales de la nación (de aquí surge el folklore, que viene del alemán Volk, pueblo, el estudio de esas costumbres). Es por esto que no todos los nacionalistas son ciudadanistas: por ejemplo, en el nacional-catolicismo no se es español por ser un ciudadano con plenos derechos políticos, sino por ser un católico que actúa dentro de una familia y de un municipio tradicionales (la integración en un sindicato interclasista no se considera imprescindible para ser español).

La de Volkgeist es una definición hegeliana. El estado materializa el Volkgeist ("espíritu del pueblo"); el Volkgeist concreta el Weltgeist ("espíritu del mundo"); en consecuencia, el individuo sólo puede integrarse en la Humanidad por intermedio de la nación, no de forma directa.

[Aunque Geist se suele traducir de forma literal como "espíritu", Hegel, racionalista aun cuando idealista y esencialista, definía Geist como la conciencia de uno mismo con propia iniciativa. Es decir, como la forma en que se materializa la Razón.]

Nótese: los reaccionarios afirmaban los Derechos Históricos frente a los Derecho Humanos, que son universales por definición, es decir, no sólo históricos, sino anti-históricos. Sin embargo, tanto los revolucionarios como los reaccionarios entendían (por motivos sociopolíticos distintos) que los valores nacionales debían imponerse desde el centro a la periferia por la uniformización legal, institucional, y cultural.

miércoles, diciembre 27, 2006

Dos reseñas en Internet sobre 'Cómo se ha escrito la Guerra Civil española'


http://www.laopinioncoruna.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=2121&pId
Seccion=13&pIdNoticia=66278&pVar=1155443288867+


Un historiador indaga en la trastienda del lenguaje en la Guerra Civil



Carlos José Márquez publica `Cómo se ha escrito la Guerra Civil española´



Cómo se ha escrito la Guerra Civil española se titula un libro del historiador Carlos José Márquez, que baja a "los cimientos" del lenguaje sobre la tragedia para indagar "pieza a pieza" en los conceptos, pues cree que en este país resulta aún difícil asumir ese pasado con objetividad. "Cuando todo el mundo lo considera el momento culminante de la Historia de España, ese periodo (1936-1939) es todavía difícil de interpretar", dijo Márquez a los medios para hablar de este ensayo, una de las novedades del otoño editorial que presentará Lengua de Trapo. Doctor en Historia por la Universidad Autónoma y articulista en revistas especializadas, Carlos José Márquez (Madrid 1975) comprobó que "la historiografía sobre el conflicto era un campo más de lucha política" y decidió identificar y contextualizar las grandes tendencias de estudio, descubriendo en cada una "un verdadero sistema ideológico", sea "neofranquista" o de "izquierda partidista".

Es "en las formas" más que "en los contenidos" del discurso, donde radica, según su análisis, la distinta orientación, pues el lenguaje de la derecha es "esencialista" y se define sobre toda la Historia de España, mientras que el de la izquierda, que no cabe en ese discurso total, se limita a ofrecer argumentos en contra, sin crear sus propios modelos y conceptos. Márquez considera que esa "desigualdad" real está impidiendo consolidar una identidad histórica y política, a la que no alcanza una herencia historiográfica que deja fuera a una parte de la sociedad. Cree que el apoyo de este Gobierno al Movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica se debe a que "ha comprobado que se trata de un empuje sólido, donde se juega el futuro, que comenzó sin ningún respaldo institucional y cuenta con muchos historiadores de mi generación". "Es el nuevo paradigma de reivindicación de los Derechos Humanos frente a los Derechos Históricos, que parte de gente muy joven", concluye el historiador Carlos J. Márquez.






http://actualidad.terra.es/cultura/articulo/historiador_guerra_civil_1031262.htm

Historiador indaga en trastienda del lenguaje sobre Guerra Civil



'Cómo se ha escrito la Guerra Civil española' se titula un libro del historiador Carlos José Márquez, que baja a 'los cimientos' del lenguaje sobre la tragedia para indagar 'pieza a pieza' en los conceptos, pues cree que en este país resulta aún difícil asumir ese pasado con objetividad.



'Cuando todo el mundo lo considera el momento culminante de la Historia de España, ese periodo (1936-1939) es todavía difícil de interpretar', dijo Márquez a Efe, contactado para hablar de este ensayo, una de las novedades del otoño editorial que presentará Lengua de Trapo.

Doctor en Historia por la Universidad Autónoma y articulista en revistas especializadas, Carlos José Márquez (Madrid 1975) comprobó que 'la historiografía sobre el conflicto era un campo más de lucha política' y decidió identificar y contextualizar las grandes tendencias de estudio, descubriendo en cada una 'un verdadero sistema ideológico', sea 'neofranquista' o de 'izquierda partidista'.

Es 'en las formas' más que 'en los contenidos' del discurso, donde radica, según su análisis, la distinta orientación, pues el lenguaje de la derecha es 'esencialista' y se define sobre toda la Historia de España, mientras que el de la izquierda, que no cabe en ese discurso total, se limita a ofrecer argumentos en contra, sin crear sus propios modelos y conceptos.

Márquez considera que esa 'desigualdad' real está impidiendo consolidar una identidad histórica y política, a la que no alcanza una herencia historiográfica que deja fuera a una parte de la sociedad.

Cree que el apoyo de este Gobierno al Movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica se debe a que 'ha comprobado que se trata de un empuje sólido, donde se juega el futuro, que comenzó sin ningún respaldo institucional y cuenta con muchos historiadores de mi generación'.

'Es el nuevo paradigma de reivindicación de los Derechos Humanos frente a los Derechos Históricos, que parte de gente muy joven', asegura Márquez al constatar que esta sociedad de cambios acelerados frena su dinamismo reforzando identidades históricas.

Deduce que el entenderlo como 'un reabrir el revanchismo' proviene del temor de 'ciertos poderes locales, que prefieren dar la espalda al conocimiento a que se ponga en duda la memoria familiar o el origen de sus posesiones'.

En su libro plantea que la capacidad de auto-definición supone una ventaja 'en la actual democracia de mercado del voto -no de mercado libre-', donde el sufragio depende de 'identidades colectivas' y no de las 'realizaciones de un gobierno'.

'Ningún cambio del régimen político se promoverá así, a no ser para reforzar el Estado -advierte-, para incrementar la represión contra las disidencias y alteridades políticas o impedir que se rompa la unidad política de la sociedad en este mundo amenazado'.

Y es que si la 'revolución' dejó de ser un peligro para el orden social -añade-, la 'violencia' se incrementó hasta escalas desconocidas, y eso genera intentos de reforzar el poder ejecutivo y de ignorar las políticas de consenso.

Márquez analiza además la perspectiva comunista y el hispanismo anglosajón para llegar a la historiografía heredada en la Transición, antes de abordar el resquebrajamiento del consenso historiográfico sobre la Guerra Civil.

'Un quiebro que quizás empezó con el movimiento por la recuperación de la memoria', indica, y concluye poniendo un interrogante al término 'revisionismo'.

'Verdadero revisionismo historiográfico sería -precisa- el que a partir de nuevos datos de archivo, y del análisis de los discursos y de su determinación', lograse reescribir el conflicto, 'siempre -recalca- desde la crítica a todos esos discursos'.

Márquez critica que la izquierda sólo haya planteado una reivindicación 'sentimental' del régimen republicano, sin definir un proyecto 'político' o 'de acción social', y dice que su objetivo fue ayudar al lector interesado en la Guerra Civil para que 'pueda interpretar por sí mismo ese periodo histórico'.