jueves, julio 31, 2008

Julio de 1936: una reflexión


Se supone que tendría que empezar con la gran frase. La que exaltara la defensa del régimen republicano contra el golpe de estado de los militares fascistas: versión única de la izquierda partidista. O la que exaltara la revolución "democrático-socialista" o (y con menos frecuencia de lo que algunos afirman) la revolución "libertaria" contra la oligarquía fascista de la que los militares eran sólo una parte: versiones enfrentadas de forma irreductible (nada de pluralidad aquí) de la izquierda grupuscular.

Mitificaciones. No en el sentido peyorativo y vulgar (y a la vez común en la historiografía española; sobre todo, en los estudios sobre la Guerra Civil) de "falsedades". Un mito no es sino la narración de un arquetipo, de un concepto dado a priori que explica la existencia y le da a esta un sentido. Aquí, la mitificación es la de un régimen político (el republicano) y la de un proceso histórico (el revolucionario). Con el mito derivado de la traición: no sólo la de los "traidores ultraizquierdistas" (sean estos los "trotskistas", aún hoy en el sentido que la palabra tenía para los partidos miembros de la Komintern en 1936, o en el derivado para la izquierda partidista de "hacerle el juego a la derecha"; o los "malos anarquistas"; o ambos). Sino el mito de la "revolución traicionada" (otro lugar común, que hace que la lectura de Casanova y de Munis tenga una continuidad con la de Amorós).

Los mitos, por su mismo carácter, están por encima de la historiografía y de la Historia. No se pueden criticar (es decir, si no se quiere quedar fuera de las comunidades de narración que sustentan), aparte de ser verdaderas esencias que protagonizan la Historia. La república de febrero de 1936 era el régimen político perfecto. La revolución de julio de 1936 fue un proceso histórico perfecto.

Cierto es que los mitos eran una necesidad en los 36 años de franquismo: las fuerzas progresistas necesitaban no sólo afirmar una comunidad a partir de una narración; no sólo oponer sus mitos a unos mitos franquistas que eran pura y simple mistificación; sino creer que el franquismo no era más que un paréntesis histórico, que la resistencia y la sangre derramada de tantos militantes servirían para reiniciar la Historia de España en julio de 1936. Y esto lo necesitó hasta el único partido que tuvo una resistencia ininterrumpida (y un tributo de sangre continuo) contra el franquismo, mientras las demás fuerzas políticas y sindicales del bando republicano se transformaban en organizaciones de exiliados, útiles sólo para aportar "capital histórico" a determinados grupúsculos (los que no se reclamaban continuadores del PCE histórico), o a la izquierda partidista refundada a partir de 1975 (el PSOE histórico, sin más relación que las siglas con el PSOE postfranquista). Pero la mitificación se había iniciado desde antes. Al menos, desde 1931. La guerra sólo aceleró e intensificó el proceso.

Primera crítica a la mitificación. Las insurrecciones que derrotaron al pronunciamiento militar del 18 de julio en los tres días posteriores a este no fueron protagonizadas por ningún partido o sindicato, por ninguna institución que materializara el mito (la cantidad de estudios de historia política sobre la Guerra Civil sobrepasa de forma abrumadora a los de historia económica, historia social, o historia cultural; y de una historia política que puede caracterizarse de modo aséptico, antipolémico, como institucionalista). Las protagonizó el pueblo (entidad no menos susceptible de mitificarse si se ignoran sus complejidades políticas, sociales, ideológicas), en el que se confundían trabajadores y policías y militares leales a la república, sin más organización que unos comités de defensa de la CNT que, desde su creación en 1932, tenían autonomía del anarcosindicato, transformándose en verdaderos organismos de clase. Que al poco cada organización reclamara para sí el protagonismo en las insurrecciones populares del 19-21 de julio, tiene más que ver con una lógica faccional que clasista. Lógica faccional que, llevada hasta sus últimas consecuencias, y al combinarse con el conflicto de intereses sociales y con situación en la que no había un funcionamiento normal de las instituciones, llevó de la unidad antifascista al enfrentamiento abierto entre militantes en la zona republicana.

Pero esas insurrecciones populares tuvieron, además, carácter revolucionario. Tanto en las grandes ciudades (donde la clase obrera daba base social al pueblo) como en los municipios campesinos (donde el pueblo se identificaba con la comunidad aldeana). Su objetivo fue más allá de la derrota del pronunciamiento: se trataba de destruir las bases políticas y económicas de la "oligarquía" de los grandes propietarios y de sus asociados clericales, incluyendo la destrucción de su red de clientes y de agentes; de sustituir el modelo de ejército "reaccionario" por el pueblo trabajador en armas (las milicias); de establecer un régimen económico colectivista dirigido por los sindicatos (y aquí asoma no sólo el faccionalismo, sino el enfrentamiento de intereses locales y supralocales) que imposibilitara la restauración de la "oligarquía". Todo ello, dirigido por unos comités que fueron verdaderos pequeños parlamentos con representación de las fuerzas progresistas de partido y de sindicato (y de nuevo asoma por aquí el faccionalismo), y que asumieron de hecho el poder ejecutivo y legislativo en cada localidad.

Segunda crítica a la mitificación. Las insurrecciones revolucionarias populares fueron una respuesta al pronunciamiento militar, no se adelantaron a este. La contrarrevolución adelantó a la revolucion, un hecho que no ha sido tan excepcional en la Historia Contemporánea (como en Estados Unidos en 1861, o como en Irlanda del Norte en 1920). La ventaja que se le dio a la contrarrevolución no fue sólo la de controlar un tercio de la Península Ibérica, sino el protectorado en Marruecos, las Canarias, las Baleares, y las colonias de Río de Oro y de Río Muni. Es decir, no sólo una cabeza de puente en la Península para las tropas de choque marroquíes y legionarias, sino un territorio que podía ser base material de la contrarrevolcuión. La estrategia que pusieron en práctica de inmediato los militares pronunciados fue la de combinar tres elementos.

Primero, movilizar sus potenciales apoyos sociopolíticos, que tenían en común la identificación entre nación española y pueblo católico (lo que permite definir desde un primer momento al bando rebelde como nacionalcatólico: sus milicias llegaron a definirse como pueblo católico en armas). Los militares pronunciados y los "fascistas" no eran agentes extraños a la sociedad española, ni desesperaban de tener apoyos en esta. Pero también movilizar los apoyos sociopolíticos en el protectorado, tanto más llamativos cuanto que poco más de una década antes los mismos militares que efectuaron esta movilización habían realizado una verdadera guerra colonial de exterminio. Y aquí también hay mitificaciones de la izquierda grupuscular respecto a las posibilidades de enajenar estos apoyos a los militares pronunciados (dejo aparte las burlitas versallescas de la izquierda partidista que dicen mucho de ciertos "ingenieros de la alta política"), pero pareciera que también tabúes.

Segundo, asegurarse el apoyo de los regímenes fascistas (en el entendimiento de que la lógica del sistema de relaciones entre estados es la geoestrategia, y no la ideología), que permitió establecer un puente aéreo entre Marruecos y Sevilla, comunicaciones entre las dos zonas sublevadas por Portugal, así como garantizar el suministro de armamento (no sólo de aviones de caza y de bombardeo, también de artillería y de armas personales), de munición, y de medios de transporte, e iniciar los ataques corsarios contra las líneas de suministros navales a la república. Pero asegurarse también la neutralidad benevolente de las potencias demoliberales: las garantías de los nacionalcatólicos a los intereses de las empresas británicas, las posibilidades que ofrecieron a las empresas estadounidenses de hacer negocios por sus demandas de petróleo y de camiones, fueron motivos suficientes para que los estados respectivos, en el contexto de la Gran Depresión, antepusieran los intereses económicos a la ideología. Frente a esto, el bando republicano (aparte de cometer el error de anteponer la ideología a la geopolítica en las relaciones interestatales) sólo pudo contar con algunos apoyos simbólicos (como el de México), y con el apoyo de la URSS. Una intervención, la soviética, sobre la que hay mitologías aparte y respectivas, pero que puede empezar a reconsiderarse sólo con mirar un mapa político de 1936 y trazar sobre él las rutas de abastecimiento desde los puertos soviéticos hasta los españoles.

Tercero, recurrir al terror de masas, hasta tal punto que puede decirse que la administración nacionalcatólica durante la guerra y buena parte de la posguerra fue también una administración del terror. Un terror cifrado no sólo en la represión física, sino en las depuraciones burocráticas, en el ostracismo, y en la homogeneización cultural de toda España a partir del nacionalcatolicismo.

La mistificación franquista y neofranquista consiste en afirmar sólo el primero de esos elementos, y en negar o relativizar o descontextualizar los otros dos: es así como la mitificación deviene en mistificación. Y el mayor éxito de esta mistificación (gracias no sólo a 40 años de hegemonía cultural de la derecha española, sino a un persistente modelo historiográfico que ha antepuesto el estudio de las heterodoxias/las rupturas/las izquierdas frente a las ortodoxias/las hegemonías/las derechas sin ni siquiera definir antes estas) ha sido que una parte de la izquierda grupuscular (e incluso de la partidista), la misma que afirma una moral revolucionaria que no es sino la inversión especular de la moral burguesa (quizás el gran fracaso de esa amalgama que fue el "antifranquismo"), haga el mismo juego con la violencia política durante la Guerra Civil, justificando y exaltando los crímenes de estado o los pocos hechos que pueden caracterizarse como matanzas en masa en la zona republicana (cuando estas no sólo fueron excepcionales, sino reducidas al ámbito local, no habiéndose demostrado de ninguna manera por ningún autor que ninguna organización de la zona republicana tuviera un plan para el terror de masas). Son las mismas razones de Yagüe al reconocer las matanzas de Badajoz.

No pretendo lanzar estas reflexiones como tesis definitivas. Sino como un punto de partida personal, no para criticar las mitificaciones sobre la Guerra Civil (que, creo que está claro, son una verdadera mitología, un sistema de mitos), sino para empezar a criticarlas. Una necesidad crítica aunque sólo sea para demostrar que la situación histórica de 1975 no era la de 1936, como la de 2008 no es la de 1978. Y ya el que pueda publicar este escrito (a buen seguro que útil sólo para mí mismo, lo que no es poco para alguien cuyo medio de expresión es la escritura) sin sufrir ni cárcel ni tortura (lo que no quiere decir que las palabras en una democracia liberal no cuesten ni la cárcel ni la tortura) demuestra que el régimen político actual no es una simple continuación del reaccionario de 1936-1975: no hemos conseguido la Libertad (la misma por la que murieron Durruti, Peiró, o Sabaté), pero sin ciertas libertades y sin el reconocimiento de la pluralidad política no podremos alcanzarla (como supo ver Orobón Fernández). Ni mantenerla.

miércoles, julio 30, 2008

"¿Cómo finalizaría Superman la guerra?"


En Look, revista estadounidense, el día 27 de febrero de 1940, se publicaba la siguiente historieta de Jerry Siegel y Joe Shuster, los creadores de Superman, que respondían así a un interrogante que les planteó la publicación: ¿cómo finalizaría Superman la guerra?:

La historieta original estaba coloreada sólo en blanco y rojo. Nótense los uniformes alemanes del ejército imperial de la Primera Guerra Mundial (y no de la Wehrmacht de 1940) en la segunda viñeta de la primera página.


Siegel y Shuster eran judíos. De modo contrario a lo que se suele afirmar, la creación de Superman no les fue inspirada por el concepto de superhombre de Nietzsche, sino por el tradicional judío del golem: Superman no es un nuevo estadio superior de la Humanidad, sino alguien ajeno a esta (algo enfatizado por el hecho de que, en origen, los poderes de Superman no se debían a su proximidad a una estrella amarilla en vez de a la roja que orbitaba Krypton, sino que eran propios de los kryptonianos por su propia evolución como especie, igual que las hormigas o los saltamontes en la Tierra) que se ha constituido en protector de los débiles. El concepto se concretó en el personaje de tebeo a partir de elementos de las novelas de quiosco (como John Carter de Marte, Superman está imposibilitado por la distancia espacial y temporal de volver a su planeta de origen, pero no es un alienado en tanto que se alza como paladín de su planeta de adopción).

Había en el origen de Superman un indudable trasfondo político. Pero no era el del imperialismo estadounidense con el que se ha llegado a asociar, sino el del New Deal, como bien explicaban los textos de Warren Ellis en esta página en el número 50 del volumen I de Stormwatch, ilustrados por la imitación del dibujante Tom Raney del estilo de Shuster:


En las primeras historietas (en las que no existía el concepto de continuidad, clave de los tebeos de superhéroes hoy día), Superman no había sido criado por los granjeros que lo encontraron, sino que lo fue en un orfanato al que le entregó el motorista que le encontró. Ellis y Raney realizan aquí un juego intertextual: Siegel y Shuster eran dos judíos liberales (en el sentido estadounidense de "liberal") que apoyaban el populismo del New Deal, igual que los granjeros del Medio Oeste. Los mismos granjeros que rechazaban a la vez el "totalitarismo" nazi y soviético, y que esperaban que los Estados Unidos, de intervenir en la guerra, lo hicieran no por intereses imperiales o empresariales, sino en defensa del ideal angloamericano de la democracia republicana contra un "totalitarismo" ajeno y enfrentado a él, y cuya principal característica era el sometimiento de las pequeñas naciones a una nación más poderosa (aparte, era inevitable que Siegel y Shuster hicieran un comentario sobre el añadido carácter racista del "totalitarismo" nazi). Era la misma idea que defendía el Superman de 1940 (de ahí que, a diferencia de los héroes de las novelas de quiosco, no luchara contra villanos exóticos en un contexto de novela de aventuras, sino en la Tierra contra amenazas inmediatas y reales, como los empresarios corruptos). Y la idea política que Ellis atribuye a los padres adoptivos de Superman, dándole carácter político a una educación que es mero moralismo en la continuidad editorial.

lunes, julio 28, 2008

La polémica entre Antonio Elorza y Carmen Bueno


1. "Guerra de palabras", por Antonio Elorza:

(Artículo publicado en El País, diario de Madrid, el día 21 de febrero de 2007)

Uno de los reportajes más famosos en la historia del periodismo durante la Segunda República fue el realizado por Ramón J. Sender sobre la matanza de anarquistas en Casas Viejas para el diario La Libertad. El valor de la serie de artículos no se ve alterado, pero su significación política sí, al tener en cuenta que el periódico republicano era a la sazón propiedad de Juan March, y que por consiguiente resultaba de la máxima utilidad servirse del suceso para atizar un fuego en el cual ardiese el Gobierno presidido por Manuel Azaña. Otro tanto sucedía con el diario izquierdista La Tierra, en cuyas páginas colaboraban anarcosindicalistas y comunistas cargando un día tras otro contra el régimen, debidamente subvencionados por la derecha monárquica para tan santa labor. Los ejemplos pueden multiplicarse, y no sólo en la década de los años treinta. Aún están frescos los casos del afectuoso tratamiento dado por la prensa conservadora a Julio Anguita, un hombre de bien en la izquierda por cuanto impedía toda alianza electoral con el PSOE, o, en el campo opuesto, y ya en fecha muy reciente, las facilidades otorgadas al primer mediocre que se muestre dispuesto a embestir contra todo aquel que se atreva a ejercer la crítica del Gobierno.

La comprensión de la prensa, especialmente en tiempos revueltos como el actual, requiere algo más que una lectura atenta y el consiguiente análisis de contenido sobre editoriales y artículos de opinión. Hay que mirar al otro lado del espejo, para saber qué imágenes de la realidad ofrece por sí mismo ese espejo, y con frecuencia para evitar que tomemos las deformaciones por representaciones veraces. Cierto que demasiadas veces la tarea se torna imposible, bien por acumulación de obstáculos, bien por escasez de datos. Así, resulta difícil entender por qué, si nos atenemos a la identidad de sus defensores, la OPA de Gas Natural sobre Endesa era progresista, y en cambio la resistencia de los eléctricos, retrógrada. Desde que se ha consolidado, es un decir, el Estado de las autonomías, quedan en la sombra las razones de determinadas tomas de posición en éste o aquel diario sobre asuntos que las conciernen. Al margen de los alineamientos políticos, cabe sospechar que los recursos a disposición de las comunidades autónomas pueden intervenir, lo mismo que sucede a escala internacional con el oro de Arabia Saudí, pero no hay periodismo de investigación que sea capaz de hincarle el diente a semejante materia. Pensemos en el escándalo cuidadosamente tapado de la recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, con la consecuencia de unos monstruos sobre el perfil urbano de la capital que deberían ser llamados para la posteridad Torre Beckham, Torre Ronaldo, o cosa parecida, con otros tantos ceros sobre sus últimos pisos que tendrían la función de dejar huella indeleble del total fracaso deportivo registrado en el mandato de Florentino Pérez. Por cierto, la absoluta nulidad del financiero en su gestión deportiva del equipo blanco, ocupado como estaba en la venta de camisetas, pasó prácticamente desapercibida para los grandes medios. Para entenderlo, los estudiantes de periodismo tienen que acudir a la lectura de Quevedo, y en particular a su "Poderoso caballero es don dinero...".

En una palabra, la línea política y económica de periódicos, radios y televisiones en España requiere, para ser entendida, un esclarecimiento que se nos escapa acerca de las redes de intereses políticos y económicos que modulan el contenido de la información. Eso sí, hay casos en que lamentablemente todo es tan claro como inexplicable: pensemos en el papel del vértice de la Iglesia católica a la hora de movilizar las conciencias contra el Gobierno y no sólo contra su laicismo, vía Cope y empresas asociadas. Pero es la excepción que confirma, por demasiado visible, una regla de opacidad.

Para quien observa el fenómeno desde el exterior en España, estando no obstante en condiciones de apreciar sus manifestaciones más significativas, lo que Umberto Eco llamó un día "la estructura latente" de la información, se presenta como la articulación de un trabajo profesional bien realizado de cientos de periodistas que recopilan, ordenan y transmiten los datos de la información, y, por encima del mismo, un entramado piramidal que interviene sobre el resultado de la labor anteriormente descrita para conferir al producto el sesgo ideológico deseado. Tanto en la prensa, como en la radio o en la TV, por los resultados puede intuirse la presencia de una trama de técnicos de la comunicación, a quienes no sería impropio calificar de comisarios políticos, encargados de encontrar un titular que disminuya el impacto de una noticia adversa, resalte un día tras otro un mensaje que a pesar de ser falso debe quedar grabado en la cabeza de los lectores -tal es la regla de oro en las campañas de intoxicación sobre el 11-M y la pista etarra-, o eche tierra sobre una noticia incómoda. Es lo que en una vieja canción del mejor de los grupos revolucionarios chilenos, los Quilapayún, era expresado aludiendo al trato dado a la noticia de la muerte de un trabajador: "Se destina cuarta plana, letra chica, y a un rincón". Un examen cuidadoso de la prensa madrileña para los últimos meses nos permitiría comprobar hasta qué punto es alcanzado un virtuosismo en la presentación de la noticia que hace que el mismo suceso pueda sugerir de inmediato interpretaciones opuestas entre sí, desde los titulares a las notas en apariencia más inocuas, pasando por la jerarquía establecida en primera plana entre temas en apariencia dispares, como pueden ser el procesamiento de un político en Euskadi y un asunto de corrupción. El deber de la polémica impone su ley.

Nada tiene de extraño que semejante clima afecte a los artículos de opinión y no sólo reflejen esa deriva maniquea, sino que jueguen con excesiva frecuencia el papel de amplificadores. Ciertamente, cabe registrar importantes diferencias entre uno y otro sector de opinión. Lo que representan las opiniones vertidas en Libertad Digital y en general por los medios de la Cope no tiene contrapartida en el área gubernamental. La voluntad pertinaz de descalificar brutalmente y destruir la imagen del adversario les singulariza en este poco grato escenario. De ahí el acierto de quienes se han negado a compartir la recepción pública de un premio con alguien cuyo discurso desborda día a día los confines de la opinión democrática. Pero la tendencia a la exageración sí es un denominador común. En estas mismas páginas, tras un canto a las excelencias del procedimiento mediante el cual fuera adoptado el Estatuto catalán, olvidando como era de esperar que el bajo porcentaje de votantes registrado hubiera invalidado el referéndum en otros países democráticos, se proclama por un excelente constitucionalista que un rechazo de fondo a dicho Estatut por el Tribunal Constitucional supondría nada menos que un "golpe de Estado". Como si la democracia consistiera en alcanzar una solución favorable a determinados fines, y no en un procedimiento para alcanzar soluciones dentro de un marco jurídico previamente fijado, con independencia de que nos satisfagan o no, e incluso de que sus consecuencias políticas resulten o no beneficiosas. La inconstitucionalidad de capítulos importantes del Estatuto catalán supondría sin duda un problema muy grave: nada tiene que ver con la regularidad del proceso político mediante el cual fue alcanzado el texto hoy vigente. La advertencia sería aplicable a la totalidad de temas de actualidad en los cuales, desde la inculpación de un político al caso De Juana Chaos al acatamiento a las decisiones de los jueces, viene seguido inmediatamente de su descalificación en el caso de que aquéllas disgusten al emisor de la opinión, con excesiva frecuencia un político de relieve. Las idas y venidas en torno al llamado "proceso de paz" no han hecho sino llevar este problema hasta una situación límite.

Ahora bien, ante este estado de cosas, la existencia de un denominador común en muchos comportamientos no debe sugerir la equidistancia. La comparación entre las dos grandes manifestaciones contra el terrorismo basta para comprobar hasta qué punto la iniciativa de la agresividad pertenece a la oposición conservadora. No estamos en una coyuntura parecida a la del 36 bajo ningún concepto, pero el hecho de esgrimir un bosque de banderas nacionales contra el presidente del Gobierno, bajo el patrocinio del Partido Popular, es ya en el plano simbólico un hecho de extrema gravedad. Casi nada, empero, si se confirma la tendencia registrada en la prensa filopopular durante esta fase preliminar del juicio del 11-M. El más pesimista no podía imaginar los esfuerzos desplegados desde el primer momento para sugerir que la instrucción fue un fracaso técnico, llegando hasta el punto de refrendar la validez de las respuestas de los acusados, saludando sus protestas de inocencia y destacando en titulares lo bien que resisten a la presión de los interrogatorios, sin dejar nunca de insistir sobre el tópico de que la citada instrucción está plagada de lagunas. Los voceros del islamismo radical deben estar agradecidos a unos líderes de opinión que parecen empeñados en exculpar por todos los medios a Al Qaeda de lo sucedido el 11-M.

Sólo que en sus réplicas el Gobierno parece muy satisfecho con semejante exasperación, fruto de la deriva extremista que cobra fuerza en el partido de Rajoy (¿de Rajoy?). Nada justifica en la vida económica y social de España semejante oleaje de superficie, que en muchas de sus formas de expresión viene a decirnos que siguen vivos los odios de una guerra muy lejana en el tiempo. Toca, pues, a José Luis Rodríguez Zapatero y a su Gobierno, incluido el nuevo ministro de Justicia, tomar la iniciativa para que ese estúpido incendio del resentimiento no siga propagándose. En términos futbolísticos, jugando al fuera de juego y evitando ir una y otra vez al choque.

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2. "Sobre el periódico republicano La Tierra", por Carmen Bueno:

(Carta publicada en la sección Cartas al Director del diario El País el día 25 de Febrero de 2007)

En el artículo "Guerra de palabras" firmado por Antonio Elorza, edición de su periódico del 21 de febrero, se afirma respecto al diario republicano La Tierra que los "anarcosindicalistas y comunistas" que colaboraban en él estaban "debidamente subvencionados por la derecha monárquica".

Al respecto desearía aclarar:

1. En La Tierra trabajaban y colaboraban republicanos federales e intelectuales radicales como E. Barriobero, A. Samblancat, Mauro Bajatierra, Ricardo Baroja, Hildegart, Pi i Arsuaga, J.A. Balbotín hasta su alianza con el PCE, ... así como dirigentes de CNT: Federica Montseny, Melchor Rodríguez, J. García Pradas... No colaboró ningún comunista.

2. La Tierra, con su director y propietario Santiago Canovas Cervantes, Sánchez Roca, subdirector y quien fuera mi marido, Eduardo de Guzmán, como redactor-jefe trabajaron por traer la II República y adoptaron una actitud crítica hacia sus primeros gobiernos, lo que les produjo no pocos problemas hasta que los radical-cedistas del derechista "bienio negro" cerraron el periódico a finales de 1935.

3. Las acusaciones contra La Tierra surgieron de manera particularmente calumniosa en 1937 y en el periódico Pravda, de Moscú, edición del 22 de marzo, con un ataque al órgano de la CNT catalana Solidaridad Obrera diciendo que "el verdadero redactor del periódico es Canovas Cervantes, ex-redactor del periódico fascista La Tierra". La afirmación hacía daño a los oídos. La calumnia fue más o menos mantenida por el PCE-PSUC y los que siguieron o incluso siguen hoy, al parecer, su estela intelectual.

4. Los franquistas apreciaban La Tierra de muy diferente manera. El periodista franquista e historiador de la prensa, Pedro Gómez Aparicio en La Gaceta de la prensa del 15 de agosto de 1963 se refiere al periódico en cuestión así: "... La Tierra, propiedad ya en exclusiva de Cánovas Cervantes" fue "uno de los diarios más infames y que más contribuyeron al advenimiento de la II República". No parece, pues, que sus colaboradores estuvieran pagados con el dinero monárquico.

5. Terminada la guerra, estos, "subvencionados por la derecha monárquica" acabaron así: Bajatierra, asesinado por las tropas franquistas a su entrada en Madrid; Barriobero, fusilado por los mismos a su entrada en Barcelona; mi marido Eduardo de Guzmán condenado a muerte; Canovas Cervantes exiliado en Venezuela donde murió en la más profunda pobreza; Melchor Rodríguez con muchos años de cárcel; y el resto en diversos paredones y exilios de todos conocidos. Además de Ángel de Guzmán hermano de Eduardo, prisionero del fascismo en el frente de Madrid y "desaparecido".

6. Creo que la afirmación de A. Elorza, a quien no conozco, entra en el terreno de la calumnia contra los que como mi marido trabajaron en La Tierra y cuyos familiares sobreviven hoy.- Carmen Bueno Uribes, viuda de Eduardo de Guzmán, redactor jefe de La Tierra, Madrid.

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3. "En torno a La Tierra", por Antonio Elorza:

(Carta publicada en la sección Cartas al Director del diario El País el día 27 de febrero de 2007)

En una carta firmada por la viuda de Eduardo de Guzmán, se me acusa de calumniar a quienes hicieron ese periódico. Por medio de Eduardo Haro llegué a conocer a Eduardo de Guzmán y a su compañera en su piso de Atocha, por los años 70. Era un hombre entrañable que nos dejó testimonios estremecedores sobre la represión en el fin de la guerra.

Pero 1933 no era 1939. Ser víctima de la represión de Franco en el 39 no implica haber sido antes republicano. El desprestigio del propietario de La Tierra, Cánovas Cervantes, periodista conservador pasado al anarquismo "racial", era total entre quienes vivieron el período republicano. Le apodaron "Ni lo uno ni lo otro". Ente otros testimonios orales que recibí al respecto está el del político derechista Pedro Sainz Rodríguez, quien me contó, en entrevista facilitada por la prof. López Kéller, que la derecha monárquica subvencionaba en un sentido y en otro, a José Antonio y a La Tierra "con tal de fastidiar a la República". Lo precisa en su autobiografía Testimonio y recuerdos (Planeta, 1978, p.246), partiendo de la campaña sobre Casas Viejas: "Esta campaña -se sabe ahora porque yo creo conveniente relevarlo- fue impulsada por las derechas (...) El señor Cánovas Cervantes, director y propietario del periódico, se citaba conmigo precisamente en la rinconada que hace el callejón de Arenal ya mencionado, enfrente de la librería de los Bibliófilos (...). Allí recibía Canovas Cervantes un sobre en el que iban las directrices de la campaña, textos redactados por nosotros y una muestra de nuestro agradecimiento por esta colaboración política".- Antonio Elorza- Madrid.

domingo, julio 27, 2008

El bolchevismo: ¿"fascismo rojo"?

La conceptualización vulgar del totalitarismo como un régimen político en el que se confunden el estado y la sociedad civil (uno de los significados de "totalitario") es un error. El estado no puede formar un todo con la sociedad, por definición.

[Cuestión aparte es si el concepto de “totalitarismo” tiene validez historiográfica].

El estado (es decir, el estado sin adjetivos, después de cómo se definió después de los procesos reformistas y revolucionarios del siglo XVIII), frente a la sociedad (la sociedad civil), concentra todo el poder político. Lo que propusieron tanto fascistas, como nazis y bolcheviques, es que el poder ejecutivo formase un todo con la soberanía nacional.

De ahí la caracterización que se ha hecho de esos regímenes como “totalitarios”, vulgarizada (entre otras cosas) en la expresión "fascismo rojo". Y de ahí la formación de partidos únicos, únicos representantes de toda la nación/de todo el pueblo que ejercían la soberanía nacional/popular desde el poder ejecutivo.

Ahora bien, nazifascistas y bolcheviques llegaron a esa misma conclusión por experiencias históricas y por programas políticos diferentes. Los bolcheviques afirmaban que la identificación de soberanía popular con poder ejecutivo era para que se realizase la plena emancipación de las masas. Rosa Luxemburgo, tras apoyar inicialmente la identificación entre soberanía popular y poder ejecutivo, en una ruptura abierta con Lenin, proclamó lo contrario, al darse cuenta de que esa identificación no resultaba en que las masas se emancipasen de forma plena, sino en una dictadura de partido único. Ya que la identificación bolchevique entre soberanía popular y poder ejecutivo, por ejemplo, legitimó no sólo la disolución por los bolcheviques de la asamblea constituyente, sino el cierre de toda la prensa no bolchevique a lo largo del año 1918.

[Tras la Revolución de Octubre, se eligió una asamblea constituyente en Rusia, reunida en Petrogrado. El 19 de enero de 1918, la Guardia Roja la disolvió por las armas. Una manifestación de protesta resultó en un tiroteo entre los guardias rojos y los manifestantes, con varios muertos. A continuación, los bolcheviques disolvieron también los soviets en los que no formaban la mayoría. En la Asamblea Constituyente, los “eseritas”, los miembros del Partido Socialista Revolucionario, eran mayoría. En el mes de marzo se firmaba el Tratado de Brest-Litovsk. En el mes de abril, la suma de la desilusión de los anarquistas con el autoritarismo bolchevique y su oposición al Tratado de Brest-Litovsk con el miedo bolchevique a la Guardia Negra y su oposición al programa bolchevique de expropiaciones y de guerra de guerrillas en la parte de Rusia ocupada por los alemanes llevó a la ruptura. En junio de 1918 se formó un gobierno en Samara (el Comité de la Asamblea Constituyente, conocido por sus siglas en ruso, “Komuch”) gracias al apoyo de la Legión Checa en el que, por vez primera (la Guerra Civil Rusa se inició en diciembre de 1917, con la formación del primer ejército blanco en la cuenca del Don, pero este estaba formado en exclusiva por militares reaccionarios), los eseritas moderados se unían contra los bolcheviques a los militares reaccionarios (dirigidos por el almirante Kolchak, a quien los checos apoyarían más tarde para suprimir a sus aliados y establecer una dictadura militar). De esta forma, la guerra civil comenzaba en Siberia. Durante el verano de 1918 se cerró la prensa de los mencheviques por las críticas de estos al gobierno bolchevique. A finales de 1918 se había cerrado casi toda la prensa no bolchevique. En noviembre de 1920, el general blanco Wrangel era derrotado por Majno y Trotski; el Ejército Rojo se volvió de inmediato contra la majnovischina, efectuándose de paso una redada general de anarquistas en toda Rusia.]


[Los anarquistas apoyaron en un primer momento al gobierno bolchevique, dentro y fuera de Rusia. Fueron atraídos por la fase inicial de la primera revolución obrera de la Historia (que marcaba un antes y un después en la Historia Universal), en la que el sujeto político fueron las asambleas de soldados, obreros, y campesinos.]

De forma opuesta, los nazis y los fascistas afirmaban que la identificación entre soberanía nacional y poder ejecutivo era para someter a las masas al poder del estado (de ahí la formación de instituciones corporativistas, únicas donde podrán expresarse las demandas de los trabajadores y en las que participarán también los patronos, sometiéndose unos y otros al arbitraje estatal). Dicho de otra forma, los bolcheviques proclamaban la realización de la dictadura del proletariado como democracia obrera. Algo que luego, por la represión de los eseritas y de los anarquistas (y de las mismas disidencias dentro del bolchevismo, y de aquellos que pretendían llevar a cabo sus propias propuestas de emancipación nacional), resultó en un régimen de partido único. El NSDAP (el partido nazi) era explícitamente anti-demócrata, como el Partido Nacional Fascista. Si se añade a lo anterior que el bolchevismo tenía pretensiones de emancipación universal, podría entenderse la difusión y la persistencia de la propuesta política bolchevique a pesar de su carácter "totalitario", y en contraste con el "localismo" de las propuestas nazis y fascistas, que proclamaban sólo la emancipación nacional (de Alemania y de Italia, respectivamente).

Pero, ¿quizás podría entenderse también la razón última del colapso del sistema político comunista, como una ruptura entre unos objetivos políticos que se consideraban parte del propio sistema y las prácticas políticas cotidianas?

sábado, julio 26, 2008

Reseña de "Cómo se ha escrito la Guerra Civil española", por Javier Sánchez Zapatero


(Publicada en el diario Tribuna de Salamanca, el día 24 de septiembre de 2006).

viernes, julio 25, 2008

Una predicción sobre la URSS en forma de "historia futura"

"Después de la revolución Bolchevique la nueva Rusia había sido boicoteada por Occidente, y había por tanto pasado por una fase de extravagancia acomplejada. Comunismo y un ingenuo materialismo llegaron a ser los dogmas de una nueva iglesia cruzada y atea. Toda crítica fue suprimida, incluso más rigurosamente que lo era la crítica contraria en otros países; y se enseñó a los Rusos a pensar de ellos mismos como los salvadores de la humanidad."

[En Olaf STAPLEDON, Last and first men, Londres, 1999, p. 15. Novela editada por vez primera en el año 1930. La traducción es mía].

jueves, julio 24, 2008

¿Otra clave del enfrentamiento entre Marx y Bakunin?

Para Bakunin, la violencia era consustancial a la revolución. Definía la revolución como un alzamiento con el objetivo de destruir de forma inmediata al estado y al capitalismo, enfrentándose a sus defensores, tras lo que se establecería una sociedad comunista. Nótese, que esto desmiente a todos aquellos que han afirmado que el anarquismo rompe en la práctica con su propia teoría al haberse establecido en la Historia por dictaduras locales: la violencia era el método revolucionario por excelencia, pero no suponía el establecimiento de un régimen dictatorial (y mucho menos, terrorista).

Para Marx (y para Engels), la violencia era sólo un método revolucionario más. Y su valoración como tal método fue variando en ambos autores con el tiempo. Durante las revoluciones de 1848, Marx consideraba que la violencia era un método para acelerar el fin inevitable del capitalismo, para hacer la revolución socialista lo más rápida posible (nótese: es también un método revolucionario, pero no se llamaba a establecer un régimen dictatorial, ni menos aún, terrorista); un cuarto de siglo después, en La guerra civil en Francia, Marx consideraba que, si la Comuna de París fue el ejemplo de cómo sería la dictadura del proletariado, lo fue también por no establecer un régimen de terror.

Téngase en cuenta, en todo caso, que Marx, al hablar de la destrucción de la burguesía, lo hacía en el sentido de su destrucción como clase, es decir, socioeconómica, no física. En esto, los bolcheviques se separaron también del original materialismo histórico [ya se han visto algunas diferencias más entre el pensamiento de Marx y el de Lenin en este blog: véase este post, y este post].

miércoles, julio 23, 2008

Conspiranoia

Conspiranoia: la creencia que una omnipresente organización secreta fundada sobre ideas contrarias a la misma Humanidad (estas ideas dependen ya del ideal antropológico del conspiranoico) dirige la Historia con el objetivo de conseguir la dominación mundial mediante el crimen, el terror de masas, e incluso el genocidio. Pero al haberse extrañado los miembros de esa organización de la Humanidad, es lícito institucionalizar contra ellos el crimen, el terror de masas, e incluso el genocidio. La conspiranoia se da tanto entre las fuerzas políticas conservadoras como entre las progresistas. Incluso puede ser transversal, por no decir interclasista.

En toda conspiranoia, la Historia es un enmascaramiento de las acciones y de los fines de la organización secreta. La verdadera Historia es la historia de esta, y su argumento, la conspiración: una Historia secreta que la conspiranoia afirma desvelar.

La transmisión de la conspiranoia se realiza por la escritura: de hecho, la complejidad del relato conspiranoico y su imposibilidad de ser interpretado (no es una alegoría) requieren de la escritura, que permite su entera (o lo menos abstracta posible) transmisión material. Hay una verdadera subliteratura conspiranoica, formada por autores magistrales, pero también por multitud de autores desconocidos para el gran público o anónimos, que han empleado todos los medios escritos de comunicación de masas disponibles desde el siglo XVI. Grabados, imprentas, pasquines, máquinas de escribir, papel carbón, fotocopiadoras, internet.

La conspiranoia no afecta sólo a aquellos ajenos a la alta cultura. Norman Cohn lo vio claro: creen en la conspiranoia fanáticos semi-iletrados, pero también personas educadas, e incluso cientificistas. Que, por la conciencia de su estatus cultural de élite, deciden asumir su responsabilidad histórica y unirse a los fanáticos para movilizar a las masas contra los agentes de la supuesta conspiración, para derrotarlos de forma definitiva y cambiar el rumbo de la Historia (de la verdadera Historia). La ciencia y la alta cultura se mezclan con la subliteratura conspiranoica hasta lo inextricable, transformándose en seudociencia y en simple ideología. Una mezcla que llega a fascinar a los instruidos (y que, para Cohn, hacía de la conspiranoia un elemento más de la cultura de Occidente). ¿Por el idealismo de los conspiranoicos? ¿Por su capacidad de compromiso y de activismo? ¿O quizás por lo coherente de la estructura de su discurso?

Porque toda conspiranoia da forma a una comunidad de narración (¿podría decirse lo mismo de las diferentes interpretaciones sobre la Guerra Civil española?): sus miembros no se reconocen por un estatus común (ya sea este económico, laboral, profesional, cultural); ni por una comunidad de creencias (políticas o religiosas); sino por aceptar una narración (que pueda ser más o menos abstraída), identificarse sólo con aquellos que también acepten la narración (con independencia de su estatus y de sus otras creencias), actuar siempre y en todo momento según la narración (de ahí el idealismo, el compromiso, el activismo, de los conspiranoicos, subordinados a una narración cerrada, compleja, y total), y transmitirla.

Para Mario Moreno Cortina.

[Bibliografía: Norman COHN, Los demonios familiares de Europa, Madrid, 1980 (ed. original, 1975); En pos del Milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media, Madrid, 1981 (ed. original, 1957); Warrant for Genocide. The Myth of the Jewish World Conspiracy and the Protocols of the Elders of Zion, Londres, 1967].

martes, julio 22, 2008

Nacionalismo y anti-imperialismo en Latinoamérica


Sin duda, ha habido una confusión entre nacionalismo y anti-imperialismo en Latinoamérica. Tras los procesos de independencia, las élites que los habían dirigido y que habían establecido una serie de estados-nación enfrentados entre sí se consideraban clientes del sistema imperial británico; el fin de este hizo que se consideraran clientes del sistema imperial estadounidense (una sucesión clientelar relacionada con la idea del Destino Manifiesto). La afirmación nacional en Latinoamérica se identificaba con la oposición a estas clientelas imperiales, lo que explica el nacionalismo de las izquierdas latinoamericanas. Pero también ha habido derechistas nacionalistas latinoamericanos, para los que la afirmación nacional no se distinguía de la oposición al imperialismo soviético. Y quizás esto ha llevado a equívocos terribles. Equívocos terribles bienintencionados (el nacionalista de izquierdas Allende, un inocente político no exento de valor, puso al nacionalista de derechas Pinochet en un puesto clave para asegurar el triunfo del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973). O no (la prensa del Partido Comunista Argentino decía en 1976 que los miembros del Poder Ejecutivo Nacional eran "militares sanmartinianos", como si Videla fuera el Velasco Alvarado de Argentina).

Puede que el nacionalismo sea un principio político transversal en Latinoamérica, y no sólo para las izquierdas, sino a izquierda y derecha. De ser así, el peronismo no ha hecho sino llevar esta transversalidad hasta sus últimas consecuencias.

Para Alfredo Jorge Cañoto.

lunes, julio 21, 2008

Sobre la supuesta religión celta

El romanticismo pretendió que los druidas eran los portadores de las primeras religiones nacionales frente a la religión supra-nacional romana, y que por eso la religión druídica (término más preciso que el de "religión celta") fue perseguida y su sacerdotes exterminados. Pero la religión druídica es en realidad una síntesis de creencias religiosas, con pretensiones a la vez nacionalistas y pan-europeas (e incluso pan-indoeuropeas), efectuada desde el mismo romanticismo, y que ignoraba ya no sólo las divergencias culturales de las creencias sintetizadas, sino las temporales. La idea que subyacía era la de crear una nueva mitología, a la vez popular, nacional, y continental. En realidad, existieron una serie de religiones druídicas, y no una única religión druídica: las diferencias en los enterramientos de una zona a otra imposibilitaban hablar de una única religión organizada. Aparte el hecho de que el imperialismo romano no realizó una persecución sistemática de la religión druídica: sólo se atacaron a los druidas y los centros religiosos de los pueblos enemigos, que serían sacerdotes y centros religiosos locales al no existir una única religión druídica; en lugar de proscribirse una entera religión, se prohibieron ciertas prácticas asociadas a ciertas religiones druídicas, como los sacrificios humanos; en fin, se habría llegado a realizar una verdadera síntesis entre las religiones druídicas y la religión romana. Esta síntesis habría facilitado el triunfo de una religión oriental sincrética, que compartía elementos con el sincretismo druídico-romano (el hijo de un dios y de una mortal, por sus virtudes excepcionales y su naturaleza divina o semidivina, es el instrumento de la justicia de los dioses contra el Mal en la Tierra, una idea, por cierto, ajena al carácter político y del todo humano del Mesías en el judaísmo), y cuyo principal divulgador (un judío romanizado) la redefinió como religión universal que debía extenderse empleando los conceptos locales: el cristianismo.

[Bibliografía: Miranda J. GREEN, Exploring the world of the Druids, Londres y Nueva York, 1997; Stuart PIGGOTT, The Druids, Londres y Nueva York, 1985 (ninguno de estos autores puede considerarse como revisionista)].


domingo, julio 20, 2008

Tesis del revisionismo historiográfico del celtismo

1) El término "celta" no era usado por una serie de pueblos para designarse a sí mismos, sino por una serie de pueblos para agrupar a un conjunto de otros pueblos.

2) No hay pruebas arqueológicas de invasiones o de grandes migraciones a escala continental en Europa al inicio de la Edad del Hierro. La extensión de la cultura material propia de este período bien podría haberse debido al mismo desarrollo de las culturas locales de la Edad del Bronce. O bien a las relaciones en un mismo espacio geográfico entre una pluralidad de culturas materiales, pluralidad cultural que parece demostrar la arqueología. Sin desdeñar las influencias orientales por el comercio entre Centroeuropa y el Mediterráneo, así como su desarrollo original por las culturas locales; influencias orientales y oprientalismo que habrían establecido una comunidad de estilos artísticos entre los pueblos centroeuopeos y atlánticos, más relacionada con las modas y con los símbolos de estatus que con la etnia. La influencia de las propuestas sociopolíticas multiculturales es evidente en este revisionismo, pero también de la crítica a la arqueología difusionista, que (no siempre de forma inocente) habría aplicado el esquema de la expansión territorial de los imperios europeos a partir de un centro político más desarrollado en lo económico (y, en un entendimiento etnocentrista, también en lo cultural) a las sociedades prehistóricas y protohistóricas.

3) El imaginario celta fue creado en Gran Bretaña durante el siglo XVIII, como una forma de legitimación historiográfica de la unión entre el Reino de Inglaterra y el de Escocia en 1707. Dicho imaginario se exportó y adaptó luego a Europa continental, también, como otra legitimación más de los recién nacidos estados. Y una legitimación de carácter etnicista: una cultura material común se asociaba con una homogeneidad de la alta cultura (estructuras sociales y políticas, religión, arte, etc.), y esta, con una etnia. Según esta misma lógica, si, en realidad, los pueblos denominados como “celtas” formaban una pluralidad de culturas materiales, no puede hablarse de que existiera una alta cultura celta, ni de que los celtas formaran una etnia.

[Bibliografía: Malcolm CHAPMAN, The Celts: The Construction of a Myth, Londres, 1992; John COLLIS, The Celts. Origins, Myths and Inventions, Stroud, 2003; Simon JAMES, The Atlantic Celts: Ancient People or Modern Invention?, Londres, 2003; Simon JAMES: "Celts, politics and motivation in archaeology", en Antiquity, vol. 72, nº 275, pp. 200-209; J. Vincent S. MEGAW, M. Ruth MEGAW: "Ancient Celts and modern ethnicity", en Antiquity, vol. 70, nº 267, pp. 175-181].

sábado, julio 19, 2008

El concepto original de "celta"


Los pueblos llamados “celtas” nunca se llamaron a sí mismos de esa manera. “Celtas” (Keltoi) fue el nombre que los pueblos griegos dieron a los pueblos “bárbaros” que habitaban las regiones templadas de Europa y hablaban lenguas similares (cabe recordar aquí que lo que distinguía sobre todo a la Koiné griega de los “bárbaros” era un idioma común y enfrentado al de los pueblos no griegos, no una religión común, ni unas estructuras sociopolíticas comunes). Es decir, “celtas” era un termino geográfico, no etnográfico. Y que agrupaba además a dos grupos de pueblos diferentes: los que combinaban la cultura originaria de la Edad del Hierro centroeuropea con las influencias de los pueblos mediterráneos, y los que combinaban esa misma cultura originaria con las influencias de los pueblos de las estepas euroasiáticas. Los romanos asumieron ese mismo término geográfico para simplificar las ampliaciones militares y las divisiones administrativas de su imperio.

jueves, julio 17, 2008

La colección "Temas Españoles": la Contrarrevolución Española y la divulgación de la interpretación franquista de la Historia de España...

... y de la Guerra Civil.


Un artículo escrito por mí, y publicado en el número 5 de Germinal. Revista de Estudios Libertarios.

Los ejemplares de la revista pueden solicitarse en el Apartado de Correos 95, 19200, Azuqueca de Henares (Guadalajara, España). O bien en el correo electrónico germinalrevista(arroba)yahoo.es

Notas sobre el discurso de Gettysburg



(Discurso pronunciado por Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos, en la inauguración del cementerio militar de Gettysburg, el día 19 de noviembre de 1863)

Hace 87 años, nuestros padres fundaron en este continente una nueva nación, concebida en libertad y entregada a la proposición de que todos los hombres son creados iguales [NOTA: Lincoln volvía a poner el momento fundacional de los Estados Unidos en 1776 y no en 1783, es decir, no en una Constitución que definía los Estados Unidos como una confederación de estados soberanos, la gran legitimación de la clase política sureña frente a las potencias europeas, sino en una Declaración de Independencia que basaba todo gobierno en el reconocimiento de la igualdad de derechos entre todos los hombres. Cabría plantearse si la Guerra de Secesión no fue, como la Guerra Civil española, o la Guerra de Independencia irlandesa, resultado de una contrarrevolución (la sureña) que se adelantó a una revolución (la del Medio Oeste, más en propiedad que del Norte), "revolución" en el sentido de retorno a los valores fundacionales de la democracia republicana angloamericana].

Ahora estamos envueltos en una gran guerra civil, probando si esa nación, o cualquier nación, así concebida y entregada, puede permanecer [NOTA: toda guerra civil se interpreta como el momento culminante de la Historia nacional, incluso de la Historia Universal. Lo que planteaba Lincoln es que en la Guerra de Secesión estaba en juego la supervivencia de la democracia republicana establecida en 1776. Lincoln no decía a qué debía enfrentarse para sobrevivir. Pero si lo que se enfrentaban en la Guerra de Secesión eran los valores de 1776 frente a los de 1783, puede decirse que la supervivencia de la democracia republicana de 1776 dependía de la destrucción de un régimen político confederal que estaba degenerando en la antítesis de una democracia republicana guiada por el principio del Destino Manifiesto, es decir, en un sistema político de estados soberanos enfrentados entre sí idéntico al europeo]. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una porción de este campo, como lugar de descanso final para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esa nación pudiera sobrevivir. Es del todo apropiado y correcto que así lo hagamos.

Pero, por otra parte, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar, este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que pelearon aquí, ya lo consagraron, más allá de nuestro pobre poder para añadir o quitar. El mundo poco notará, ni por mucho recordará lo que digamos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Son los vivos, más bien, los que debemos dedicarnos aquí a la obra inconclusa que aquellos que aquí pelearon tan noblemente hicieron avanzar. Más bien somos nosotros los que debemos dedicarnos a la gran tarea que tenemos delante nuestro, que tomemos de estos honorables muertos una mayor dedicación a la causa por la que dieron su última y plena cantidad de dedicación, que tomemos la suprema resolución de que estos muertos no han muerto en vano, que esta nación, protegida por Dios [NOTA: la invocación de Lincoln a Dios, pero no a ninguna Iglesia, estaba en la línea del deísmo protestante, propio también de los Padres Fundadores], nacerá de nuevo en libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no perecerá de la tierra [NOTA: de nuevo, la idea del carácter culminante en la Historia Universal de una guerra civil, y de la excepcionalidad de la democracia republicana estadounidense; en este mismo blog, un post sobre el concepto de "pueblo" en la cultura angloamericana].