viernes, septiembre 26, 2008

Sobre el Premio Eugenio Nadal

Creado en agosto de 1944 y concedido por vez primera el día 6 de enero de 1945, la concesión del premio Eugenio Nadal ha significado desde entonces para un novelista en lengua castellana, o bien su descubrimiento como figura literaria, o bien su consolidación como tal.

La primera novela que recibió el premio fue Nada, de Carmen Laforet. Le siguieron, entre otros: José María Gironella en 1946, con Un hombre; Miguel Delibes en 1947, con La sombra del ciprés es alargada; Luis Romero en 1951, con La noria; y Rafael Sánchez Ferlosio en 1956, con El Jarama. Esta sucesión de autores nuevos (o poco conocidos) dio unas cuantas obras estimables, pero sólo un clásico rotundo con la novela de Sánchez Ferlosio: o bien se trataban de obras que destacaron en su momento pero que quedaron como primerizas a la vista de las carreras que luego tuvieron sus autores (el caso de Gironella, de Delibes, o de Romero); o bien de obras que no tuvieron una continuidad. Y, en esto último, Carmen Laforet se transformó en el paradigma en la literatura española de “la joven gran promesa que nunca llega a confirmarse como gran autora”.

Laforet, con su primera obra editada, tuvo un éxito de público y crítica desproporcionados para una novela que se lee hoy día, más por ser testimonio de la falta de esperanzas existenciales y de la miseria material de un amplio sector de la juventud durante la Contrarrevolución Española, que por sus valores literarios. Luego, Laforet sufrió el rechazo de la crítica, que esperaba de ella una novela que colmara las expectativas literarias creadas por Nada. Al rechazo de la crítica le sucedió el del público, de tal modo que su última novela editada en vida, La insolación, del año 1963, tenía que haber sido la primera de una trilogía. Laforet fue, a partir de ese año, una verdadera “desaparecida” para críticos y lectores, hasta su muerte en 2004. Un caso, el de Laforet, con posibles similitudes con algún galardonado con el Nadal (o finalista del premio) más reciente.



[Para la historia de la creación del premio Eugenio Nadal, videm Carles GELI, Josep M. HUERTAS CLAVERIA, Las tres vidas de “Destino”, Barcelona, 1991, pp. 80 y ss.]

... pero reconozco que Springsteen es grande sólo por "The River"

(Viene de aquí)


"(...) cuando regresamos, las nubes se habían abierto
hacia el noreste y el resplandor del atardecer (...)
hacía que el mundo pareciera nuevo (...) Y de repente
todos los sueños infantiles se hicieron realidad y nos
embargó la intensa esperanza de que todo este tiempo
de incredulidad hubiera sido un desperdicio de la alegría."

(Zenobia Camprubí)





I come from down in the valley
Where mister, when you're young,
They bring you up to do
Like your daddy done.

Me and Mary, we met in high school
When she was just seventeen.
We'd ride out of that valley
Down to where the fields were green.

We'd go down to the river
And into the river we'd dive
Oh, down to the river, we'd ride.

Then I got mary pregnant
And man that was all she wrote.
And for my nineteen birthday I got a union card and a wedding coat.
We went down to the courthouse and the judge put it all to rest.
No wedding day smiles, no walk down the aisle,
No flowers, no wedding dress.

That night we went down to the river
And into the river we'd dive
Oh, down to the river, we did ride.

I got a job working construction
For the Johnstown Company
But lately there ain't been much work
On account of the economy.

Now all them things that seemed so important
Well, mister, they vanished right into the air.
Now I just act like I don't remember.
Mary acts like she don't care.

But I remember us riding in my brother's car
Her body tan and wet down at the reservoir
At night on them banks I'd lie awake
And pull her close just to feel each breath she'd take.

Now those memories come back to haunt me, they haunt me like a curse
Is a dream, a lie, if it don't come true
Or is it something worse that sends me
Down to the river, though I know the river is dry.

Down to the river, my baby and I.

Oh, down to the river, we ride

"Si te dicen que caí": ¿la mejor novela del siglo XX?

Entre las décadas de 1940 y de 1960, la CNT y la FAI habían quedado reducidas a organizaciones de exiliados que no podían contar con el apoyo humano y material de estados amigos (en los contextos sucesivos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría). Esto marcaba una diferencia con el PSOE (otra organización de exiliados) y con el PCE (aparte el hecho de que el PCE/PSUC no era una organización de exiliados, sino la única organización de las que habían formado el bando republicano que mantuvo una continuidad orgánica en el interior de España desde la derrota en la Guerra Civil y hasta el fin del régimen franquista).

El movimiento libertario no tuvo continuidad orgánica en España, sino por la acción de grupos de militantes aislados. Y aislados no sólo entre ellos mismos, también respecto al anarcosindicato (la CNT) y a la organización específica anarquista (la FAI). Ambas, como queda dicho, reducidas a organizaciones de exiliados. Esta continuidad devino en resistencialismo: la resistencia al franquismo transformada, ya no en un modo de vida, sino en una razón existencial. Y un resistencialismo libertario que ha reflejado en sus novelas un charnego arquetípico y antiguo militante comunista, Juan Marsé. En especial, en Si te dicen que caí.

En el prólogo a la primera edición española de Si te dicen que caí (la novela se tuvo que editar por vez primera en México en el año 1973 al ser censurada en España), Marsé afirmaba que su intención al escribir esta novela había sido enfrentar la “Historia oficial” con la “Historia popular”. Con este fin, adoptó como materia literaria los “mitos” de los barrios obreros de Barcelona (habitados por “charnegos, pero honrados”) durante la posguerra y, como forma literaria, la narración oral. Mitos como el de Carmen Broto, la "prostituta roja", que Marsé transfiguraba en la novela.

La narración oral se basaba en las “aventis” y en los recuerdos de un grupo de guerrilleros urbanos antifranquistas. Marsé definía “mito” como la oposición narrativa a una realidad conformada desde el poder: la derrota en la Guerra Civil supuso la destrucción de identidades personales y colectivas, excepto donde una historia oral enfrentada a una historiografía impuesta por el estado las reprodujo.

Las “aventis” eran historias que, en la novela, contaban los niños de los barrios a partir de rumores (sobre denuncias, detenciones, desapariciones y ejecuciones de la larga posguerra) y fragmentos de noticias de prensa, en las que el protagonismo lo tienen los derrotados en la guerra. Esas historias carecían de sentido, pero la realidad inmediata tampoco lo tenía, y las contaban unos niños que crecieron siendo víctimas de la violencia. Primero, la violencia de la guerra; luego, la de la posguerra. Violencia caracterizada como clasista, antes y después. Y aunque la de los anarquistas durante la guerra parezca tan arbitraria como la de los moros y los falangistas tras la ocupación, la de los primeros era contra los curas y los señoritos, y, la de los segundos, contra los obreros. Aparte el hecho (que se deduce por la narración) que los falangistas y la policía franquista no hicieron en Barcelona sino adueñarse de las checas tras la entrada en la ciudad para ejercer en ellas las mismas torturas que decían que los “rojos” habían ejercido en ellas.

En paralelo a las “aventis” la narración avanzaba con los recuerdos de un grupo de guerrilleros urbanos. Habían sido derrotados de forma absoluta en la Guerra Civil, pero no lo reconocían, tal era su convicción de que el régimen franquista no podía durar. Negaban la realidad hasta poner sus esperanzas en una imposible invasión de la España franquista por la Alemania nazi. Y era la misma negación que les había llevado a formar grupos de resistencia armada al franquismo, no el análisis de los intereses políticos o sociales en realizar dicha resistencia. Voluntarismo e irrealismo, pero no menos que el de quienes creyeron que la victoria militar de los nacionalcatólicos significaría el perdón. La paz (una paz de fusilamientos en masa) fue peor que la Guerra Civil para los perdedores, y sólo quienes reconocieron la evidencia de la derrota, no como los guerrilleros urbanos (un verdadero leit-motiv de la novela, el del irrealismo de estos guerrilleros), pueden romper con el barrio (es decir, con el espacio físico y social de los derrotados) y aspirar a adaptarse a las exigencias del nuevo régimen. Pero una maldición les impedirá disfrutar de su bienestar mesocrático de advenedizos, nada improbable venganza de Marsé contra las “nuevas clases medias”.

El grupo de guerrilleros que imaginó Marsé como protagonistas de Si te dicen que caí era heterogéneo en lo político. Lo formaban militantes de la FAI, del POUM, y del PSUC. Muchos de sus recuerdos remiten al enfrentamiento faccional de la guerra, en un cruce de reproches: la sentencia de “podredumbre faiera” (de la FAI) con la que el militante del PSUC describía la retaguardia revolucionaria catalana (incluida la violencia de las milicias de retaguardia) era paralela a las acusaciones que lanzaba de de “desorganización” de los “faieros”; los militantes del POUM reivindicaban frente al del PSUC el ser de los primeros en organizar la resistencia contra el franquismo en Barcelona tras la toma de la ciudad y también de los primeros en organizar la resistencia contra el nazismo en el exilio en francés, pagando el honor con sus vidas mientras que otros antifascistas se escondían; los militantes de la FAI reprendían a un antiguo policía de la Generalitat catalana (de quien no se dice su militancia) por haberse dedicado como agente del SIM a salvar curas y monjas so pretexto de que habían votado a partidos republicanos, y respondían al del PSUC que, si las milicias de retaguardia se hubieran empleado más a fondo y hubieran contado con más apoyos, se hubiera “limpiado” la retaguardia y no se habría perdido la guerra; y, de fondo de la polémica, el continuo recuerdo de los “hechos de mayo” de Barcelona en 1937 y de la represión del “partido de orden” republicano contra los anarquistas y los poumistas (la “escabechina de los pañuelos rojos”, la llamaba uno de los niños protagonistas), con la “espionitis” que hubo en la retaguardia creada por los agentes rusos que hablaban de complots anarquistas. En realidad, se trataba de una continuidad de las luchas faccionales que hubo durante la Guerra Civil en la zona republicana, y respondían a las fidelidades a la propia organización, no a diferencias de ideología o de práctica política. Patriotismo de organización, en suma, del que parecía escaparse algún anarquista que protestaba porque hubiera burocracia incluso en el grupo guerrillero, un comentario en consonancia con referencias sueltas a los “amigos de Durruti”. Pero, a pesar del patriotismo de organización, pertenecían a dos comunidades superpuestas: la de los derrotados y la de los barrios obreros barceloneses. Este doble sentido de comunidad, indisoluble, trascenderá la inutilidad (y el salvajismo) de más de una década de resistencia armada, la corrupción de los ideales cuando estos fueron reemplazados por la lucha por la supervivencia (y los atracos pasaron de ser un medio de financiación a un medio de vida), y las mezquindades (pequeñas y grandes) de cada organización. Y será lo único que permita mantener el recuerdo de los guerrilleros que caigan en combate. Porque no todos tendrán siquiera la posibilidad de que su nombre sobreviva en las hemerotecas, como Quico Sabaté (que también aparece en la novela). El militante del PSUC incluso llegaría a realizar atracos a mano armada, una práctica que le enfrenta a la línea oficial de su propio partido. Y, al tiempo que decía que él nunca sería el igual de los de la FAI y critica baa los seguidores de Federica Montseny, mandaba a Toulouse parte del dinero de sus atracos.

Los dos niveles de la narración en Si te dicen que caí se iban confundiendo poco a poco a lo largo de la novela hasta hacerlo del todo en el final: las “aventis”, como los recuerdos, aunque fueran una distorsión de la realidad, demostraban que aquellos hombres existieron. Existieron aquellos que empeñaron su juventud en la guerrilla antifranquista, en una lucha inútil sostenida sólo por esperanzas sin fundamento. Aquellos que esperaron ayudas exteriores que no llegaron. Que arrastraron la convicción irrealista de que la dictadura no duraría durante tres décadas, y de que ellos pasarían de ser los derrotados a ser los vencedores, repitiéndosela como viejos incapaces (no ya de acción guerrillera alguna, sino siquiera de imaginar cómo se hacían), a sus hijos y a sus nietos: “Hombres de hierro, forjados en tantas batallas, soñando como niños”.

jueves, septiembre 25, 2008

Miseria sin grandeza del Partido Comunista de Argentina

El Partido Comunista de Argentina [en adelante, PCA] afirmó en el año 1976 que el golpe de estado militar no suponía el establecimiento de un régimen militar fascista como el de Pinochet, sino el de un régimen militar nacionalista al que había tanto que apoyar tanto para que no tomaran el poder la facción militar fascista como para que se impusiera la nacionalista y progresista (la prensa del PCA llamaba a Videla y demás jefes de la junta "militares sanmartinianos").

No puede entenderse la actuación del PCA durante el Proceso de Reorganización Nacional sin entender la situación geopolítica mundial del momento.

El PCA no había roto su dependencia de la URSS, como los partidos eurocomunistas o prochinos. Durante la tercera presidencia de Perón (1973-1974), el gobierno argentino llevó a asesores soviéticos y cubanos como parte de un programa de industrialización que tenía por objetivo acabar del todo con la dependencia económica de Occidente (un objetivo fundacional del justicialismo, que concurría con el tercerismo de las décadas de 1960 y de 1970). Los soviéticos esperaban seguir manteniendo estas buenas relaciones con Argentina tras el golpe de 1976, tanto más cuanto que, el año anterior, había caído en Perú el gobierno del general Velasco Alvarado, un gobierno de militares nacionalistas progresistas (nacionalización de la prensa, reforma agraria, industrialización para acabar con la dependencia de EEUU y de Europa Occidental, etc.) que habían formado una "alianza táctica" con la URSS (por el que, entre otras cosas, el ejército peruano inició un programa de modernización). Si el "velasquismo" (y, por extensión, todo gobierno militar nacionalista) se veía por la URSS como una forma de romper lo que entendían era el cerco del imperialismo estadounidense, por la izquierda de la época se veía como otro modelo político, en el que el ejército se constituía en poder tutor de la sociedad para garantizar una política de reformas socioeconómicas (también para la izquierda española, y en un sorprendente reflejo de lo que fue el franquismo).

La política de "alianza táctica" entre la junta militar argentina y el gobierno soviético se reforzó tras la invasión de Afganistán en 1979, cuando se decretó un bloqueo comercial por los Estados Unidos y sus aliados a la URSS. Esta necesitaba importar grano, y, sin accesos a otros mercados, tenía que hacerlo de Argentina. La URSS tuvo de esta forma una "alianza táctica" con un gobierno que era aliado estratégico de los EEUU y cuya primera legitimación era la lucha contra el comunismo y por los valores cristianos occidentales.

La "alianza táctica" soviético-argentina se concretó en la coincidencia de la URSS con los EEUU (aparte los satélites y aliados respectivos) en los bloqueos en los organismos internacionales a las condenas al régimen militar argentino por conculcar los derechos humanos. Esta "alianza táctica" dio un paso más allá durante la Guerra de las Malvinas: al optar el gobierno de Reagan por el apoyo incondicional al de Thatcher, la URSS proporcionó información militar a Argentina, llegando Fidel Castro a proponer la creación de unas "brigadas internacionales latinoamericanas" para luchar junto al ejército argentino frente al imperialismo británico.

Y la "alianza táctica" de la dictadura militar argentina con la URSS (y sus satélites y aliados) se justificaba (como siempre) según el principio de "solidaridad de los pueblos".

Pero la acción del PCA durante el "proceso" fue un árbol que no debe impedir la visión de todo el bosque. Casi todas las organizaciones políticas apoyaron el golpe de estado de 1976. Bien por activa (justicialistas de derecha, radicales), con la esperanza de que los militares acabaran no sólo con las organizaciones guerrilleras, sino (y sobre todo) con la militancia sindical de base, con ciertos profesionales liberales (periodistas progresistas, abogados laboralistas o especializados en derechos civiles, médicos participantes en programas sociales, etc.), con los intelectuales, e incluso con los simples simpatizantes de la izquierda. Por pasiva (justicialistas de izquierda de los Montoneros, trotskistas de teoría y maoístas de praxis del PRT-ERP [*]), con la esperanza de que el establecimiento de una dictadura militar que culminase por el terrorismo estatal de masas la lógica pauperista (pura ideología romántica, libre del todo de los fríos y tediosos estudios de la propia sociedad) del "cuanto peor, mejor". En última instancia, unos y otros aspiraban a constituirse en negociadores exclusivos entre el ejército y la sociedad civil, para que esta aceptara el dominio de aquel. Pero el golpe de estado de 1976 tuvo amplios apoyos sociales y no sólo políticos. Esa aspiración era puro voluntarismo, que no partía de un verdadero análisis social, y que les convertía en innecesarios para los militares golpistas.

Como en la Alemania nazi o en la España franquista, muchos "hombres corrientes" exclamarían luego: "¡Yo no quería esto!". O bien: "¡Yo no lo sabía!". Pero (como muchos alemanes desde 1933, o como muchos españoles desde 1936), los mismos que exclamaban eso habían querido y habían sabido, habían participado en manifestaciones de apoyo a la junta militar al grito de: "¡Los argentinos, derechos y humanos!", habían justificado las desapariciones de sus vecinos afirmando (ay, como tantos españoles entre 1936 y 1975): "Algo habrán hecho". Cierto es que, en política, son los militantes y no los oportunistas los que se manchan las manos de sangre. Pero son los oportunistas los que dan la legitimidad por consenso social (cuando no por demanda social) para que se cometan los "asesinatos necesarios". Los mismos oportunistas que luego definen la (mal llamada) "memoria histórica" (eufemismo para identidad política: porque "política", como decía Ray Bradbury, es una palabra peligrosa que da miedo) como una "memoria selectiva".

Y en el génesis de ese estado de opinión la responsabilidad de buena parte de la prensa y de cierta intelectualidad fue grave, con sus llamadas al establecimiento de un gobierno fuerte que impidiera la guerra civil entre los "dos demonios" (la extrema derecha "fascista" y la extrema izquierda "terrorista"), a barrer las organizaciones armadas mediante medidas de excepción, a asociar esas mismas organizaciones armadas con todo el sindicalismo justicialista, a combatir la "infiltración comunista". No era menor la responsabilidad de una parte de la ultraizquierda que sustituyó la reflexión teórica y la acción política por la ideología pauperista y la glorificación de la violencia, cosas que no ayudaban (en mi limitado entender) a cambiar ese estado de opinión.

Pero volveremos a olvidarlo todo.


[*] Siglas del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de su sección armada,
el Ejército Revolucionario del Pueblo.



Para Alfredo Jorge Cañoto.

sábado, septiembre 20, 2008

Algunos preferimos a Lloyd Cole antes que a Bruce Springsteen


("Sentimental fool", canción del álbum Love Story, del año 1995)

The more I learn the less I know

Could you make mine straight absolute?

The more I fail the less I try.
Ask not of me the reason why.

Oh, my sentimental fool!
Have I got a tale for you
Oh, my sentimental fool!



The longer I live the less I believe
And all I lost is all I need.

The life I made is filled with regret
And I can't tell the half of it.

The woman I love has lost her faith
And I just watch as she fades away.

The space I'm in is filled with love.
The shape I'm in ain't beautiful.

Oh, my sentimental fool!
Have I got a tale for you.

I'm draining the glass for you.

martes, septiembre 16, 2008

Aunque tarde, yo también le dedico un post al 11-S



E insisto: aunque no comparta sus ideas, aunque crea que los inocentes no deben meterse a políticos [*], a Salvador Allende le hace grande el valor que demostró en sus últimas horas. Por encima de todo.



Un amigo anarquista y también escritor, me contó que su padre, viejo veterano de las Fuerzas Aéreas de la República Española, lloró como un niño cuando la radio española dio la noticia el 11 de septiembre de 1973.


[*]: sí, los inocentes no deben meterse a políticos: el segundo gobierno en reconocer al de Pinochet después del de los Estados Unidos fue el de la República Popular de China, es de suponer que por cuestiones de la alianza táctica entre las dos potencias contra la Unión Soviética. Agradeceré datos sobre qué se afirmaba al respecto entre los grupúsculos maoístas de Europa Occidental y América.

viernes, septiembre 12, 2008

Últimas noticias: la Guerra Fría acabó hace 20 años

Leyendo las webs y blogs de la izquierda grupuscular, pareciera que la intervención rusa en Georgia durante el pasado mes de agosto ha sido la del "primer estado obrero de la Historia" ejerciendo la "solidaridad de los pueblos contra el imperialismo".

[No creo haber leído un curioso paralelismo: como el gobierno de los Estados Unidos al ejército iraquí en Kuwait en 1990, parece como si el de Rusia hubiera "invitado" al ejército georgiano a entrar en Osetia del Sur].

Enternecedores, por cierto, son los comentarios internáuticos que de cuando en cuando piden al ejército ruso que borre Georgia del mapa: como ya escribí hace tiempo, temo que el presente sueño europeo despierte a una pesadilla balcánica.

Últimas noticias: la Guerra Fría acabó hace 20 años, y no se puede seguir interpretando la realidad actual con los conceptos políticos de ese período histórico.

jueves, septiembre 11, 2008

Miguel Ángel Sabadell: "Ciencia de pega"

[Artículo publicado en la edición virtual del diario Público el día 7 de septiembre de 2008; gracias a David Rutte por remitirlo].


Déjenme que les cuente una historia que ha sucedido en la realidad. En 1979 aparecía el libro Bases de ovnis en la Tierra, escrito por un tal Douglas O’Brien, que se presentaba como la autobiografía de un ex-agente de la CIA. Adelantando el más puro estilo de Expediente X, este agente secreto se dedicaba a facer entuertos –que no desfacerlos como Don Quijote– relacionados con el fenómeno ovni, revelando casos de accidentes aéreos inexplicables (por ejemplo, el accidente de 1978 en la isla de Hierro de un avión militar norteamericano) o incidentes protagonizados por naves ET que a punto estuvieron de desencadenar una guerra mundial. O’Brien llevaba manipulando información desde 1966. Todo, provocado por naves extraterrestres. Incluso revelaba que se había bombardeado con armas nucleares la Luna para destruir ciertas instalaciones… La pequeña empresa editora tuvo que cerrar por lo que se dijo que eran problemas económicos y de ese libro sólo vieron la luz unos pocos centenares de ejemplares. ¿Conspiración, ocultamiento?

Pero toda esa información no cayó en saco roto. En 1983 el conocido escritor-ufólogo Juan José Benítez publicaba un extenso artículo en el periódico Heraldo de Aragón en el que aparecían algunos de los casos del libro, según decía “extraídas de los propios círculos militares norteamericanos”. Es más, en una colección de fascículos titulada Enciclopedia de ovnis, dirigida por él, presentaba casos de O’Brien provenientes de sus “fuentes de los servicios de información”. Muchos ufólogos creyeron estas historias. Uno de ellos, Francisco Padrón, incluso encontró un testigo del “misterioso” suceso de la isla de Hierro.

Y miren ustedes por dónde, desde los años 90 soy amigo del autor del libro. Solo que no es ni espía ni norteamericano. Su nombre real, Javier Esteban. Él es el autor de esta solemne tomadura de pelo: fue a la hemeroteca, buscó noticias y su imaginación hizo el resto. Benítez tragó y durante años, con él, los ufólogos patrios. Bruno Cardeñosa, hoy director de la revista Historias de Iberia Vieja y experto conspiranoico [NOTA: se trata del mismo Bruno Cardeñosa que es autor de referencia de la izquierda conspiranoica], afirmó que recibía de Esteban “una serie de informaciones ovni ciertamente importantes, algunas de las cuales –tras las comprobaciones oportunas– resultaron ser verdaderas”. Las risas de Javier las hubieran escuchado los ET de las bases en la Luna si no fuera porque el sonido no se propaga por el espacio. Por cierto, en 1966 Javier tenía 8 años.

martes, septiembre 09, 2008

"Hombres de hierro, forjados en tantas batallas, soñando como niños."


Y aún diré más: Si te dicen que caí es la mejor novela del siglo XX, con permiso de la historia de los orígenes de la Segunda Guerra de los Treinta Años de El Gatopardo (escrita a sabiendas de que la técnica sin narración ni personajes no es Literatura) y de la alegoría anti-maccarthysta de Fahrenheit 451 (un reportaje y no Literatura de anticipación a día de hoy).

lunes, septiembre 08, 2008

Manolo Díaz, y la recepción de la música de cantautor en España

En el año 1967, un año después de la presentación de Los Bravos, y en el mismo año en el que publicaba el single titulado La canción-ficción, Manolo Díaz publicaba también un EP titulado Posguerra, con tres canciones. La más conocida, Vino una ola:



¿No recuerda a las formas musicales, escénicas, y estéticas de cierto cantautor belga célebre en toda Europa en la década de 1960 y a comienzos de la de 1970 (y que Manolo Díaz debía conocer muy bien en tanto que su trabajo en la industria discográfica como productor le debía no sólo permitir sino obligar a viajar por el extranjero)?:



Las otras dos canciones eran Posguerra (la que daba título al EP)...



... y Bibí:



Este EP marcó el primer éxito de Manolo Díaz como cantautor. Dos años más tarde, publicó el single La juventud tiene razón: