domingo, mayo 31, 2009

Sobre el final de "Galáctica, Estrella de Combate"


El final de Galáctica, Estrella de Combate me ha decepcionado.

[Aunque me gusta pensar que los centuriones heredarán el Espacio Exterior].

Y eso que se trata de la serie de televisión más valiente de los últimos años. En ella se han tratado temas imposibles de hacerse para el gran público de los Estados Unidos en series "realistas" en el contexto de las presidencias de George Bush Jr. El confesionalismo que se camufla bajo el "choque de civilizaciones" y provoca genocidios, en un contexto de deshumanización de quien no comparte las propias creencias religiosas. El terrorismo quintacolumnista y suicida como formas de combatir a un enemigo muy superior en tecnología.. El poder político que conservan los ejércitos en democracias liberales que se dicen consolidadas. Los regímenes de ocupación militar como situaciones en las que un invasor pretende imponer según criterios morales su propio modelo sociopolítico al invadido aunque este no lo acepte, imposición en la que las políticas desarrollistas para con los ocupados se combinan con represiones terroristas. Por no hablar del tratamiento de ciertos temas más intemporales. La lucha por el poder como causa de los conflictos civiles incluso en sociedades condenadas a la extinción física. Los impulsos primarios como móvil del ser humano. Y, en fin, qué es ser humano (quizás, como dijo Bruce Sterling en uno de sus relatos del universos mecanicista/formador, un término con el que poder agrupar facciones escindidas de modo irreparable entre sí).

Pero, además, la versión "reimaginada" de Galáctica ha logrado trascender los lugares comunes narrativos del género de la ciencia-ficción. Algo que la versión original no había hecho: los préstamos de ideas que ya habían explotado a fondo Jack Williamson, Fred Saberhagen, o incluso Arthur C. Clarke, eran evidentes. Con el trasfondo tecnofóbico propio de ciertos relatos de ciencia-ficción o de fantasía interplanetaria de la época, que planteaban la antítesis de la humanidad con la mecanización y con la inteligencia artificial (Glen A. Larson quizás no fue movido en esto por razones ideológicas, sino por la búsqueda de la conexión con el público: en una de las fábulas reaccionarias de la televisión de comienzos de la década de 1980 que produjo al poco, y con más éxito de audiencia, había un trasfondo tecnofílico de simbiosis entre el hombre y la máquina inteligente).

Pero la serie de televisión más valiente de los últimos años ha acabado con la enésima vuelta de tuerca al lugar común narrativo de los dioses astronautas (algo que pido por favor a Mario Moreno Cortina que nos desarrolle cuanto antes).

Mi opinión (tan personal y falible como cualquier otra). Galáctica debería haber acabado llevando hasta el final su lógica narrativa, atreviéndose a mostrar lo que otras narraciones apocalípticas sólo han sugerido. Con la Humanidad destruyéndose a sí misma, en una absurda lucha por el poder ante su inminente extinción, guiada por sus pulsiones animales, y ante un Universo indiferente.

sábado, mayo 30, 2009

"El Equipo-A": una fábula reaccionaria

Cierto es que la mayoría de los estadounidenses desconocen la Historia y la cultura europeas. Y cierto es también que, cuando toman contacto con ella, o bien reaccionan como "americanos groseros", o bien lo hacen como "americanos impasibles".

[El "americano grosero": un "hombre común" que toma la superioridad del modelo político y social estadounidense como razón existencial. El "americano impasible": un intelectual que cree que si el modelo político y social estadounidense ha resultado en la seguridad material por la (en su mayor parte, desde luego) universalización de la sociedad de consumo, debe exportarse al resto del mundo. Si el primero desconoce los conceptos de otras sociedades, el segundo no los entiende. No se trata de categorías morales: los "americanos impasibles" suelen ser bienintencionados, mientras que los "americanos groseros" son ignorantes antes que malvados.]

Pero un desconocimiento paralelo de la Historia y la cultura estadounidenses existe en la mayoría de los países europeos. Sobre todo, en España.

Un buen ejemplo es que El Equipo-A se haya llegado a considerar por los televidentes españoles como una serie progresista. Cuando El Equipo-A fue una parte más de la creación de una cultura popular neoconservadora en los Estados Unidos a comienzos de la década de 1980. Algo muy evidente en la literatura de ciencia-ficción. Más sutil en las series televisivas.

En la famosa introducción de El Equipo-A, no se especificaba cuál era el delito que no habían cometido los miembros del comando. Y no se hizo hasta la última temporada de la serie, cuando esta tomó una dirección muy distinta. Se aludía así a lo que por parte de los neoconservadores estadounidenses se entendía que era una criminalización de todos los veteranos de Vietnam.

En El Equipo-A, casi todos los episodios partían de una misma premisa. Ante la incapacidad de las autoridades legales de impedir una serie de crímenes, las víctimas contactaban con el Equipo-A. Y este (por lo general, después de aplicar con éxito la doctrina de "corazones y mentes" en la América Profunda) ajustaba cuentas con los criminales de forma contraria a una legalidad incapaz de hacerlo.

Quienes quieran ver en El Equipo-A alguna forma de caridad o de progresismo están cayendo en la peor forma de ese callejón sin salida cultural que es la nostalgia. La de los cuentos de viejas.